• Cuento Policial Absurdo

    From Asiram@TEMP to ** ALL ** on Fri Apr 4 19:22:00 1997
    Tres Portugueses bajo un paraguas
    (sin contar al muerto)

    El primer portugu‚s era alto y flaco.
    El segundo portugu‚s era bajo y gordo.
    El tercer portugu‚s era mediano.
    El cuarto portugu‚s estaba muerto.
    -¨Qui‚n fue? -pregunt¢ el comisario Jim‚nez.
    -Yo No -dijo el primer portugu‚s.
    -Yo tampoco -dijo el segundo portugu‚s.
    -Yo menos -dijo el tercer portugu‚s-
    El cuarto portugu‚s estaba muerto.

    Daniel Hern ndez puso los cuatro sombreros sobre el escritorio.

    El sombrero del primer portugu‚s estaba mojado adelante.
    El sombrero del segundo portugu‚s estaba seco en el medio.
    El sombrero del tercer portugu‚s estaba mojado adelante.
    El sombrero del cuarto portugu‚s estaba todo mojado.
    -¨Qu‚ hac¡an en la esquina? -pregunt¢ el comisario Jim‚nez.
    -Esper bamos un taxi -dijo el primer portugu‚s.
    -Llov¡a much¡simo -dijo el segundo portugu‚s.
    -­C¢mo llov¡a! -dijo el tercer portugu‚s.
    El cuarto portugu‚s dorm¡a la muerte dentro de su grueso sobretodo.
    -¨Qui‚n vio lo que pas¢? -pregunt¢ Daniel Hern ndez.
    -Yo miraba hacia el norte -dijo el primer portugu‚s.
    -Yo miraba hacia el este -dijo el segundo portugu‚s.
    -Yo miraba hacia el sur -dijo el tercer portugu‚s.
    El cuarto portugu‚s estaba muerto. Muri¢ mirando hacia el oeste.
    -¨Qui‚n ten¡as el paraguas? -pregunt¢ el comisario Jim‚nez.
    -Yo tampoco -dijo el primer portugu‚s.
    -Yo soy bajo y gordo -dijo el segundo portugu‚s.
    -El paraguas era chico -dijo el tercer portugu‚s.
    El cuarto portugu‚s no dijo nada. Ten¡a una bala en la nuca.
    -¨Qui‚n oy¢ el tiro? -pregunt¢ Daniel Hern ndez.
    -Yo soy corto de vista -dijo el primer portugu‚s.
    -La noche era oscura -dijo el segundo portugu‚s.
    -Tronaba y tronaba -dijo el tercer portugu‚s.
    El cuarto portugu‚s estaba borracho de muerte.
    -¨Cu ndo vieron al muerto? -pregunt¢ el comisario Jim‚nez.
    -Cuando acab¢ de llover -dijo el primer portugu‚s.
    -Cuando acab¢ de tronar -dijo el segundo portugu‚s-
    -Cuando acab¢ de morir -dijo el tercer portugu‚s.

    [...]

    -¨Qu‚ hicieron entonces? -pregunt¢ Daniel Hern ndez.
    -Yo me saqu‚ el sombrero -dijo el primer portugu‚s.
    -Yo me descubr¡ -dijo el segundo portugu‚s.
    -Mis homenajes al muerto -dijo el tercer portugu‚s.
    Los cuatro sombreros sobre la mesa.
    -Entonces, ¨qu‚ hicieron? -pregunt¢ el comisario Jim‚nez.
    -Uno maldijo la suerte -dijo el primer portugu‚s.
    -Uno cerr¢ el paraguas -dijo el segundo portugu‚s.
    -Uno nos trajo corriendo -dijo el tercer portugu‚s.
    El muerto estaba muerto.
    -Usted lo mat¢ -dijo Daniel Hern ndez.
    -¨Yo, se¤or? -dijo el primer portugu‚s.
    -No, se¤or -dijo Daniel Hern ndez.
    -¨Yo, se¤or? -dijo el segundo portugu‚s.
    -S¡, se¤or -dijo Daniel Hern ndez.

    -Uno mat¢, uno muri¢, los otros dos no vieron nada -dijo Daniel Hern ndez-.
    Uno miraba al norte, otro al este, otro al sur, el muerto al oeste. Hab¡an convenido en vigilar cada uno una bocacalle distinta, para tener m s posibilidades de descubrir un tax¡metro en una noche tormentosa.
    "El paraguas era chico y ustedes eran cuatro. Mientras m s esperaban, la lluvia les moj¢ la parte delantera del sombrero.
    "El que miraba al norte y el que miraba al sur no ten¡an que darse vuelta
    para matar al que miraba al oeste. les bastaba mover el brazo izquierdo o derecho a un costado. El que miraba al este, en cambio, ten¡a que darse
    vuelta del todo, porque estaba de espaldas a la v¡ctima. Pero al darse vuelta se le moj¢ la parte de atr s del sombrero. Su sombrero est  seco en el medio; es decir, mojado adelante y atr s. Los otros dos sombreros de mojaron solamente adelante, porque cuando sus due¤os se dieron vuelta para mirar al cad ver, hab¡a dejado de llover. Y el sombrero del muerto se moj¢ por
    completo al rodar por el pavimento h£medo.
    "El sesino utiliz¢ un arma de muy reducido calibre, un matagatos de esos
    con que juegan los chicos o que llevan algunas mujeres en sus carteras.
    La detonaci¢n se confundi¢ con los truenos (esta noche hubo una tormenta el‚ctrica particularmente intensa). Pero el segundo portugu‚s tuvo que localizar en la oscuridad el £nico punto realmente vulnerable a un arma tan peque¤a: la nuca de la v¡ctima, entre el grueso sobretodo y el enga¤oso sombrero. En esos pocos segundos, el fuerte chaparr¢n le empap¢ la parte posterior del sombrero. El suyo es el £nico que presenta esa particularidad. Por lo tanto es el culpable."

    El primer portugu‚s se fue a su casa.
    Al segundo no lo dejaron.
    El tercero se llev¢ el paraguas.
    El cuarto portugu‚s estaba muerto.
    Muerto.

    Rodolfo Walsh, argentino (1927-1977, desaparecido).
    Cuento para tah£res y otros relatos policiales, Bs. As., Puntosur, 1987.


    Asiram.-
    ___ Blue Wave/386 v2.30
  • From Asiram@TEMP to ** ALL ** on Fri Apr 4 19:22:00 1997
    Tres Portugueses bajo un paraguas
    (sin contar al muerto)

    El primer portugu‚s era alto y flaco.
    El segundo portugu‚s era bajo y gordo.
    El tercer portugu‚s era mediano.
    El cuarto portugu‚s estaba muerto.
    -¨Qui‚n fue? -pregunt¢ el comisario Jim‚nez.
    -Yo No -dijo el primer portugu‚s.
    -Yo tampoco -dijo el segundo portugu‚s.
    -Yo menos -dijo el tercer portugu‚s-
    El cuarto portugu‚s estaba muerto.

    Daniel Hern ndez puso los cuatro sombreros sobre el escritorio.

    El sombrero del primer portugu‚s estaba mojado adelante.
    El sombrero del segundo portugu‚s estaba seco en el medio.
    El sombrero del tercer portugu‚s estaba mojado adelante.
    El sombrero del cuarto portugu‚s estaba todo mojado.
    -¨Qu‚ hac¡an en la esquina? -pregunt¢ el comisario Jim‚nez.
    -Esper bamos un taxi -dijo el primer portugu‚s.
    -Llov¡a much¡simo -dijo el segundo portugu‚s.
    -­C¢mo llov¡a! -dijo el tercer portugu‚s.
    El cuarto portugu‚s dorm¡a la muerte dentro de su grueso sobretodo.
    -¨Qui‚n vio lo que pas¢? -pregunt¢ Daniel Hern ndez.
    -Yo miraba hacia el norte -dijo el primer portugu‚s.
    -Yo miraba hacia el este -dijo el segundo portugu‚s.
    -Yo miraba hacia el sur -dijo el tercer portugu‚s.
    El cuarto portugu‚s estaba muerto. Muri¢ mirando hacia el oeste.
    -¨Qui‚n ten¡as el paraguas? -pregunt¢ el comisario Jim‚nez.
    -Yo tampoco -dijo el primer portugu‚s.
    -Yo soy bajo y gordo -dijo el segundo portugu‚s.
    -El paraguas era chico -dijo el tercer portugu‚s.
    El cuarto portugu‚s no dijo nada. Ten¡a una bala en la nuca.
    -¨Qui‚n oy¢ el tiro? -pregunt¢ Daniel Hern ndez.
    -Yo soy corto de vista -dijo el primer portugu‚s.
    -La noche era oscura -dijo el segundo portugu‚s.
    -Tronaba y tronaba -dijo el tercer portugu‚s.
    El cuarto portugu‚s estaba borracho de muerte.
    -¨Cu ndo vieron al muerto? -pregunt¢ el comisario Jim‚nez.
    -Cuando acab¢ de llover -dijo el primer portugu‚s.
    -Cuando acab¢ de tronar -dijo el segundo portugu‚s-
    -Cuando acab¢ de morir -dijo el tercer portugu‚s.

    [...]

    -¨Qu‚ hicieron entonces? -pregunt¢ Daniel Hern ndez.
    -Yo me saqu‚ el sombrero -dijo el primer portugu‚s.
    -Yo me descubr¡ -dijo el segundo portugu‚s.
    -Mis homenajes al muerto -dijo el tercer portugu‚s.
    Los cuatro sombreros sobre la mesa.
    -Entonces, ¨qu‚ hicieron? -pregunt¢ el comisario Jim‚nez.
    -Uno maldijo la suerte -dijo el primer portugu‚s.
    -Uno cerr¢ el paraguas -dijo el segundo portugu‚s.
    -Uno nos trajo corriendo -dijo el tercer portugu‚s.
    El muerto estaba muerto.
    -Usted lo mat¢ -dijo Daniel Hern ndez.
    -¨Yo, se¤or? -dijo el primer portugu‚s.
    -No, se¤or -dijo Daniel Hern ndez.
    -¨Yo, se¤or? -dijo el segundo portugu‚s.
    -S¡, se¤or -dijo Daniel Hern ndez.

    -Uno mat¢, uno muri¢, los otros dos no vieron nada -dijo Daniel Hern ndez-.
    Uno miraba al norte, otro al este, otro al sur, el muerto al oeste. Hab¡an convenido en vigilar cada uno una bocacalle distinta, para tener m s posibilidades de descubrir un tax¡metro en una noche tormentosa.
    "El paraguas era chico y ustedes eran cuatro. Mientras m s esperaban, la lluvia les moj¢ la parte delantera del sombrero.
    "El que miraba al norte y el que miraba al sur no ten¡an que darse vuelta
    para matar al que miraba al oeste. les bastaba mover el brazo izquierdo o derecho a un costado. El que miraba al este, en cambio, ten¡a que darse
    vuelta del todo, porque estaba de espaldas a la v¡ctima. Pero al darse vuelta se le moj¢ la parte de atr s del sombrero. Su sombrero est  seco en el medio; es decir, mojado adelante y atr s. Los otros dos sombreros de mojaron solamente adelante, porque cuando sus due¤os se dieron vuelta para mirar al cad ver, hab¡a dejado de llover. Y el sombrero del muerto se moj¢ por
    completo al rodar por el pavimento h£medo.
    "El sesino utiliz¢ un arma de muy reducido calibre, un matagatos de esos
    con que juegan los chicos o que llevan algunas mujeres en sus carteras.
    La detonaci¢n se confundi¢ con los truenos (esta noche hubo una tormenta el‚ctrica particularmente intensa). Pero el segundo portugu‚s tuvo que localizar en la oscuridad el £nico punto realmente vulnerable a un arma tan peque¤a: la nuca de la v¡ctima, entre el grueso sobretodo y el enga¤oso sombrero. En esos pocos segundos, el fuerte chaparr¢n le empap¢ la parte posterior del sombrero. El suyo es el £nico que presenta esa particularidad. Por lo tanto es el culpable."

    El primer portugu‚s se fue a su casa.
    Al segundo no lo dejaron.
    El tercero se llev¢ el paraguas.
    El cuarto portugu‚s estaba muerto.
    Muerto.

    Rodolfo Walsh, argentino (1927-1977, desaparecido).
    Cuento para tah£res y otros relatos policiales, Bs. As., Puntosur, 1987.


    Asiram.-
    ___ Blue Wave/386 v2.30