• Y ella...?

    From Equis@TEMP to ** ALL ** on Wed Oct 22 03:12:00 1997
    The Buenos Aires Affair
    de Manuel Puig


    Parte 1/2


    Playa Blanca, 21 de mayo de 1969
    Un p lido sol de invierno alumbraba el lugar se¤alado. La madre se despert˘ un poco antes de las siete, estaba segura de que nadie la observaba. En vez de levantarse permaneci˘ en la cama una hora m s para no hacer ruido, su hija dormĦa en el cuarto contiguo y necesitaba horas de sue¤o tanto o m s que alimentos. La madre se dijo lo que todas las ma¤anas: a la vejez debĦa afrontar sola graves problemas. Su nombre era Clara Evelia, pero ya nadie la llamaba Clarita, como lo habĦan hecho siempre sus difuntos marido y padres.
    Durante breves instantes sobre una de las ventanas se proyect˘ una sombra, tal vez los  rboles del jardĦn se habĦan movido con el viento, pero Clara Evelia no prest˘ atenci˘n, distraĦda pensando que los ateos como ella no tenĦan el consuelo de imaginar un reencuentro con los seres queridos ya muertos, "...¨vuelve el polvo al polvo? / ¨Vuelve el alma al cielo? / ¨Todo es vil materia, / podredumbre y cieno?".
    Se levant˘, calz˘ las chinelas de abrigo y mir˘ un instante la bata de lana gruesa, raĦda en los bordes, antes de enfund rsela: a su hija la deprimĦa verla con esa prenda gastada. Pidi˘ que por lo menos hiciera buen tiempo esa ma¤ana, o m s precisamente, que no lloviera, asĦ podrĦan dar una vuelta a pie por la alameda marĦtima.
    Levant˘ la persiana y mir˘ a lo alto, de su memoria brot˘ otra estrofa, "cerraron sus ojos, / que a£n tenĦa abiertos; / taparon su cara / con un blanco lienzo / y unos sollozando, / otros en silencio, / de la triste... de la triste... de la triste alcoba / todos se apartaron...". Cada vez que lograba recordar sin esfuerzo un trozo de su repertorio Clara Evelia se sentĦa algo reconfortada, tantos a¤os habĦa sido profesora de declamaci˘n, "...en las largas noches / del helado invierno, / cuando las maderas / crujir hace el viento / y... y... y azota los vidrios / el fuerte aguacero, / de la pobre ni¤a / a solas me acuerdo...".
    El cielo estaba nublado, pero eso era com£n durante el invierno en Playa Blanca, la peque¤a localidad balnearia del Atl ntico Sur. No va a llover, pens˘ aliviada: durante la noche habĦa oĦdo a su hija quejarse en sue¤os y si por el mal tiempo habrĦa de permanecer todo el dĦa encerrada tardarĦa en recuperarse. ¨Pero es que habĦa una recuperaci˘n posible para Gladys? HacĦa apenas un mes la habĦa creĦdo curada, y ahora la veĦa otra vez en el fondo de esa pecera oscura en que se sumergĦa, una nueva y aguda crisis de postraci˘n nerviosa. Lo cual no implicaba la futura p‚rdida de la raz˘n, se repetĦa la madre.
    Artes pl sticas, su hija era artista, como ella misma, ambas demasiado sensibles concluy˘ Clara Evelia, "...de la casa en hombros / llev ronla al templo / y en una capilla /dejaron el f‚retro. / La luz que en un... en un..." ¨c˘mo continuaban esos versos? s˘lo recordaba que eran palabras dolorosas las que seguĦan. Como de muy lejos le pareci˘ escuchar una voz, ¨de d˘nde provenĦa? Apenas lograba traspasar el cristal de la ventana y la cortina de gasa. Clara permaneci˘ quieta un momento, pero no oy˘ nada m s. Tampoco logr˘ recordar el resto del poema.
    Irritada pas˘ veloz revista a sus desgracias sucesivas: la muerte de su marido, la larga estadĦa de su hija £nica en Norteam‚rica, la merma del poder adquisitivo de su jubilaci˘n, el llamado de los m‚dicos de Nueva York, el regreso con Gladys enferma. Pero tambi‚n habĦa recibido ayudas inesperadas, esa casa por ejemplo, cedida por amigos pudientes sin que ella lo solicitara. Un lugar tranquilo frente al mar, varios meses de serenidad y descanso habĦan transformado a Gladys, pero pocas semanas de vuelta en el hervidero de los medios artĦsticos de Buenos Aires habĦan bastado para llevarla otra vez a cero.
    Y recomenzarĦan de cero si era preciso, el cielo estaba menos gris que hacĦa apenas un instante, el mar era de un color indefinido, aunque sĦ muy oscuro, "la luz que en un vaso / ardĦa en el suelo, / al muro arrojaba / la sombra del lecho: / y tras esa sombra / veĦase a veces / dibujarse rĦgida / la forma del cuerpo...". Decidi˘ que una caminata les vendrĦa bien a las dos, bajarĦan a la playa abrigadas y con pa¤uelos en la cabeza, cuid ndose de no pisar la arena h£meda, bordeando los arbustos que inmovilizan a los m‚danos con sus raĦces fuertes, "las puertas gimieron, / y el santo recinto / qued˘se desierto. / Tan medroso y triste, / tan oscuro y...", Clara trat˘ una vez m s de concentrarse y durante ese instante en que cerr˘ los ojos podrĦa haber entrado alguien en la habitaci˘n sin que ella lo percibiera. S˘lo logr˘ recordar que durante la noche habĦa dormido mal, perturbada por ruidos extra¤os.
    De todos modos saldrĦa a caminar con su hija, lo importante era hacer ejercicio y tomar aire. Deshizo el lazo de la bata para volver a atarlo, en forma de mo¤o, y golpe˘ con suavidad a la puerta de Gladys. No hubo respuesta. La madre se alegr˘, dormir profundamente era siempre reparador, en general su hija tenĦa un sue¤o tan ligero que se despertaba ante el menor rumor ¨se estarĦa curando? "...tan medroso y triste, / tan oscuro y yerto / todo se encontraba... / que pens‚ un momento: / Dios mĦo, qu‚ solos / se quedan los muertos..." ­versos extraordinarios! los incluirĦa en el festival que programaba para ese invierno en Playa Blanca. Meses atr s su hija le habĦa pedido casi de rodillas que no recitara, pero ya superada la crisis Clara se atreverĦa a contrariar a la convaleciente y organizarĦa un festival, "...¨vuelve el polvo al polvo? / ­Vuela el alma al cielo!", el sue¤o profundo de Gladys era indicio de pronta recuperaci˘n y la madre sentĦa en la espalda dos alas fuertes listas para desplegarse, mientras algo dulce parecĦa pasarle por la garganta. De repente las alas se encogieron, su cuerpo conducĦa una descarga el‚ctrica, dirĦase y su boca sabĦa a los metales de que est n hechos los hilos trasmisores de alta tensi˘n: el haz de luz-¨de una linterna?-se¤alaba un detalle del piso para que no se le pasara por alto. La luz ces˘, se notaban empero huellas barrosas-¨de zapatos de hombre?-ya secas que iban y volvĦan de la puerta del dormitorio de su hija a la puerta de la calle, atravesando la sala de estar. El haz de luz de una linterna parecĦa haber iluminado durante un instante el detalle revelador.
    Sin titubear Clara abri˘ la puerta del dormitorio, la cama, estaba en desorden y Gladys habĦa desaparecido. Pero seguramente habrĦa dejado un mensaje explicativo, ¨algunas pocas lĦneas diciendo que habĦa salido a ver el mar? La madre busc˘ sobre la c˘moda, sobre la mesa de luz, en los cajones, debajo de la cama, en la sala de estar, en la cocina, sin resultado.

    Sigue en el pr˘ximo mensaje....

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