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    From Equis@TEMP to ** ALL ** on Thu Oct 23 03:23:00 1997
    "El karma de ciertas chicas", de Juan Forn

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    ESTABAN DISCUTIENDO A GRITOS cuando se apag˘ la luz. Ellos creĦan que estaban discutiendo a gritos, o eso es lo que hubieran creĦdo de tener que medir el grado de violencia de la discusi˘n. En realidad, no gritaban para nada, ni los oĦa ning£n vecino, aunque esa preocupaci˘n no se les cruzara por la cabeza. Antes quiz  sĦ, cuando empez˘ todo, como siempre, pero habĦan llegado a ese momento en que se dicen cosas que uno ni siquiera sabĦa que tenĦa adentro, cosas que solamente parecen ciertas en lo peor de una discusi˘n y despu‚s no alcanza la vida para arrepentirse de haber dicho, porque quedan grabadas para siempre en el rinc˘n m s vulnerable del otro. Era de dĦa, eran las siete de la tarde y por eso no se dieron cuenta cuando se cort˘ la luz. Ella ya dejaba que el pelo le tapase la cara, fumaba como un vampiro y decĦa con voz increĦblemente  spera cosas como: "Por supuesto que estoy harta, y por supuesto que tengo raz˘n. Vos no entend‚s nada. VivĦs en tu burbuja, y todo lo que no te interesa lo ignor s olĦmpicamente. Si ves un ciego por la calle te fij s en el bast˘n, o en los anteojos, o en el perro, pero ni se te ocurre pensar que el pobre no ve. Si alguien cuenta que est  angustiado, lo que te asombra es que no haya ido al cine a ver la £ltima pelĦcula que te gust˘ a vos. ¨Y quer‚s saber lo que m s me revienta? Que siempre trates de pasarla lo mejor posible. Incluso cuando se supone que est s sufriendo. Eso es lo que m s me revienta de vos." l no podĦa parar de ir y venir por el living, de morderse el labio de abajo y el de arriba y repetir: "¨Qu‚ yo qu‚? ¨Ah, sĦ? No me digas".
    Despu‚s la discusi˘n termin˘. O los agot˘. Ella movi˘ un par de veces la cabeza mientras daba la £ltima pitada, apag˘ el cigarrillo y se fue por el corredor. El no fue a ning£n lado. Se sent˘, por fin, y estuvo mirando por la ventana hasta que le doli˘ el cuello de tenerlo tanto tiempo torcido. Cuando volvi˘ a mirar el living se dio cuenta de que ya era de noche. No s˘lo de eso, aunque fue lo que descubri˘ primero. Tambi‚n supo, de pronto, que ya no la querĦa. Y peor: que ella lo dominaba. AsĦ pens˘: antes yo era salvaje, tenĦa polenta, no pensaba estas cosas; ella me volvi˘ blando, ahora cuando estoy enfurecido pienso c˘mo tendrĦa que mostrar que estoy enfurecido, ella es una mierda , ella tiene la culpa y es mucho m s idiota de lo que cree si no piensa que yo estoy mucho m s harto que ella.
    Pens˘ en otras chicas. Primero empez˘ a retroceder en el tiempo hasta verse menos poca cosa, hasta verse con otras chicas casi como un h‚roe, con otras con las cuales no habĦa durado ni un suspiro y por eso parecĦa tan invulnerablemente joven. Pens˘ en cada una de sus novias: las que no lleg˘ a besar, las que bes˘ pero no lleg˘ a enamorar del todo, las que le permitieron todo pero no le gustaban tanto. Le parecieron pocas. Entonces pens˘ en aquellas con las que pudo serle infiel a ella y no le fue. Pero no tenĦa la absoluta seguridad de que hubieran estado realmente dispuestas. AsĦ que pas˘ a las amigas de sus amigos. Empezaron a desfilar por su cabeza escenas fugaces en cocinas y pasillos, silencios levemente inc˘modos y cargados de sentido, miradas furtivas, torpes, intensas. Todas las escenas venĦan con ruido de fondo: carcajadas, m£sica, vasos y botellas tintineando, voces que tapaban otras voces.
    Iba a pasar a las amigas de ella pero se qued˘ sin fuerzas. Volvi˘ a odiarla por haberle quitado la ferocidad, por haber acelerado el paso del tiempo. Pens˘ en c˘mo creĦa ‚l que iba a ser a los veintis‚is cuando tenĦa veinte a¤os. No; ‚se no era el problema. La casa. Eso sĦ. Se alivi˘ de que hubiera espacio suficiente para que pudieran en ese momento no verse o ignorarse, y se volvi˘ a amargar cuando pens˘ que uno de los dos iba a quedarse con la casa, que uno de los dos tendrĦa que irse (‚l, le daba odio que fuese ‚l), o que tendrĦan que venderla. En la oscuridad total sinti˘ que conocĦa esa casa de memoria, que podĦa ir y venir a oscuras sin chocarse con los muebles, acertando a tientas el lugar justo del picaporte, de la manija del caj˘n, de la perilla de la luz. Qu‚ importaba que ella hubiese elegido los muebles y el color de las paredes. l trataba a la casa como a un ser vivo, ‚l caminaba de noche por los cuartos y conocĦa los m s mĦnimos murmullos y crujidos de cada ambiente. l hablaba con la casa cuando tenĦa insomnio.
    Entonces pens˘ en todas las cosas que no habĦa podido hacer desde que estaba con ella. No hubo enumeraci˘n; las pens˘ en abstracto, como un todo que le faltaba entero y absolutamente, como una sola cosa indefinible. Ella seguramente no se daba cuenta de eso, tampoco. Ella ni siquiera se atrevĦa a pensar cosas y no hacerlas. Ella tenĦa m s miedo, aunque el domesticado fuese ‚l. Se sinti˘ m s generoso, m s vulnerable, m s herido y heroico que ella En realidad, se empezaba a sentir como un est£pido.
    No. Est£pido no; solo. Solo como una pizza bajo la lluvia. Eso era robado: Lou Reed, o Zappa, o alg£n otro. A oscuras uno est  m s solo, pens˘, y eso sĦ que era de ‚l. Sigui˘ pensando: a oscuras de verdad, cuando hay apag˘n, cuando no existe la posibilidad de zafar, de prender una luz o la televisi˘n, de poner un cassette, de hojear una revista, de abrir la heladera, ni nada. A oscuras, en una casa a oscuras, en un barrio a oscuras. Como ahora. Afuera no se oĦa ni siquiera el caos del tr nsito sin sem foros. Nada. Se asom˘ por la ventana. Cerr˘ los ojos, volvi˘ a abrirlos. Era igual. Entonces empez˘ a oĦr algo: un rumor. El rumor del pensamiento de todos los que estaban pensando lo mismo que ‚l. Como si, en la oscuridad, los edificios se convirtieran en una colmena cerebral hiperactiva. De cada ventana abierta salĦa el mismo rumor, que espesaba m s la noche h£meda y silenciosa. Eso era la soledad, eso era lo que estaban pensando todos los que estaban pensando lo mismo que ‚l en ese momento. Que sus novias o mujeres no entendĦan un carajo de nada, que las chicas ajenas o solas quiz  sĦ entendieran y quiz  estarĦan encantadas de tener a su lado tipos asĦ, de poder elegir.
    Pens˘ tambi‚n que cuando volviese la luz todos iban a olvidarse ipso facto de lo que habĦan pensado. PrenderĦan la televisi˘n, pondrĦan la m£sica a todo volumen, se reconciliarĦan con sus chicas casi sin darse cuenta, en cuanto las viesen preparar una picadita o llegar de la rotiserĦa con un paquete humeante de canelones. Como si lo que pasaba en esa oscuridad fuese algo provisorio, para matar la espera £nicamente, como si no fuesen ellos los que pensaban sino el fastidio del apag˘n y de la inactividad obligada.

    Sigue en el pr˘ximo mensaje...

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