• i'm blooding Butthead...

    From Equis@TEMP to ** ALL ** on Thu Oct 23 03:23:00 1997
    Sangre Seca.

    (continuaci¢n) 2/3

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    Casi hab¡a llegado al final de la bajada cuando me vinieron todos esos pensamientos vagos, ideas turbias y dementes que desfilaban entre mis ojos
    en un vaiv‚n mareador y confuso que s¢lo lograba deprimirme m s. La
    callecita por cierto, debe de haber tenido unas cuatro cuadras desde la
    casucha hasta la avenida de las micros. Y ya casi llegaba al paradero y otra vez aparec¡a su rostro dulce entre mis pasos, como siempre cuando estaba
    solo. Pensaba en caf‚, siempre pienso en caf‚, en un gran borr¢n de tierra
    seca color caf‚, del mismo color de sus ojos, del mismo de su pelo y donde puedo ver toda su cara emerger entre risas y voces, voces tontas, sordas y
    sin sentido que me recuerdan s¢lo aquellos momentos, los £nicos momentos en
    los que ten¡amos tranquilidad, cuando ‚ramos una sola vida, los dos sabiendo todo de nosotros, o casi todo, porque nunca le cont‚ todo, aunque a veces
    creo que ella si me lo contaba todo, cosas que o¡ decir de sus labios y que
    no me impresionaban pero que yo no podr¡a contar porque eran m¡as y nunca me import¢ que alguien m s tuviera que saberlas, que alguien compartiera eso
    tan profundo y doloroso, aquellos recuerdos amargos de hace a¤os, muchos
    a¤os, cuando despu‚s ya todo es borroso y ya casi no puedes distinguir la realidad de tus fantas¡as y te pones a pensar que talvez nunca pas¢ pero en
    el fondo sabes que s¡, que pas¢ en realidad, que todo es cierto y que todo
    es falso, caretas y dibujos tristes, iron¡as de la vida que podr¡an hacerte re¡r pero m s bien te hacen llorar y te da asco y no sabes si es tu vida lo putrefacto o solo lo que est  ah¡, creciendo y junt ndose uno tras otro, movi‚ndose y repiti‚ndose una y otra vez con menos fuerza pero con m s
    dolor.

    Llegu‚ al paradero. No hay nadie y eso puede deprimirme a£n m s. Lejos, unas luces traviesas anuncian su llegada mientras me apoyo en el poste que
    est  atr s m¡o y me sumerjo otra vez m s en mis pensamientos. Nunca conoc¡ a nadie as¡. Nunca la busque tampoco, no era lo que pretend¡a. Pero apareci¢
    ah¡, inm¢vil, casi inanimada, durmiendo sobre el sof  caf‚ ¨era caf‚? Ahora
    me parece que s¡, ahora todo es caf‚. Recuerdos de noches largas que
    terminaban en hast¡o y aburrimiento, hasta que sin saber c¢mo, aparec¡ en la entrada de esa casa, sin conocer a nadie verdaderamente, entrando sin
    saludar hasta que la vi, ebria, con su brazo sobre su cabeza, tirada en el
    sof  con una pierna colgando del respaldo y la otra doblada escondida qui‚n sabe donde. Entonces si la mir‚ fijo mucho rato, entonces si pude acercarme
    y decirle que la quer¡a, que la amaba m s que a nada en este mundo. Pero no
    lo hice, no en ese momento. Debo reconocer que nunca fui m s tonto. Talvez ahora pueda pensar y decidir que no fue as¡, que no es tan importante, que
    mi vida ya estaba completa antes de conocerla y que no necesito escuchar
    nada de sus labios. Talvez ahora pueda pensarlo, como una vez pens‚ que me importaba, que baila conmigo, que p rate pero con cuidado porque estas toda ebria, que m¡rame, no te r¡as tan fuerte, sost‚nte, no me mires as¡ que no podr‚ escapar m s, que ya es muy tarde, que estoy atrapado, no puedo salir y
    no quiero tampoco... Y ahora la micro est  vac¡a, me sent‚ atr s para ver
    las cabezas, y ahora s¢lo veo respaldos negros y ordenados. Y ahora s¢lo
    puedo pensar en ir al departamento. Estar  vac¡o, supongo, pero quisiera
    pensar que no lo est , que ella me espera, aunque no espera, nunca espera,
    tan s¢lo se calla, se guarda su vida y parece paciente, parece que disfruta, que realmente no se da cuenta.

    Y yo no s‚ que fue lo que hice. No s‚ si deb¡ dejarla as¡, abandonarla, o
    volver a ser el viejo adolescente que nunca quise ser, pero que siempre terminaba evocando. No s‚ si ten¡a raz¢n o s¢lo so¤aba con que la ten¡a.
    Entre zarpazos mudos, risas lejanas, charcos de vida flotantes y obscuros
    que s¢lo juegan a estar y no se van, que se dan vuelta y cambian, pero
    siempre ah¡, serenos, est ticos, estaba yo. No lo quer¡a reconocer pero la extra¤aba, inevitablemente y casi con locura, yo la necesitaba. No s‚ si
    ahora me estoy dando cuenta de algo nuevo o si lo supe siempre pero no quise saberlo. No s‚. Parec¡a viajar y desaparecer, parec¡a invisible aunque todos
    me miraran, aunque me indicaran con el dedo y cayera sobre mi toda mi culpa
    y todos mis pensamientos se atoraran en mi garganta donde s¢lo pod¡a escapar
    un susurro lejano, una burla y una s£plica, un desesperado socorro, o algo
    as¡. Todo depend¡a, a veces pod¡a ser s¢lo un poco de rabia contenida, y a veces tan s¢lo miedo. Pero ahora s¢lo pensaba en entrar, en pasearme por
    todo el lugar lleno de objetos vac¡os, pero a£n m s lleno, porque las almas
    no me dejaban ni respirar y se paseaban todas juntas, pero ensimismadas en
    sus recuerdos, que era lo £nico que pod¡an hacer ahora, recordar, como yo, avanzando sin mirar por donde, derecho, siempre derecho. Pero hab¡a una diferencia, una gran e inevitable desventaja. Yo era -yo soy- cobarde, yo
    s¢lo puedo so¤ar que puedo tomar una decisi¢n tan complicada, pero en
    realidad tan s¢lo rehuyo a todo. S¢lo camino sin avanzar, pienso pero no
    tomo decisi¢n, camino y pienso, s¢lo pienso. Por eso ahora no tengo nada,
    por eso me qued‚ as¡, fr¡o y lejano como si no hubiese entendido que de
    todas formas aunque no quiera, no estoy solo. Y es diferente, sigue siendo
    muy distinto a las otras almas. Yo estoy vivo, pero no s‚ hasta que punto
    puedo vivir si no tengo ese aliento vital, la sangre caliente y la fuerza
    para gritarlo todo, ni siquiera para sacar todo aquello putrefacto que hay
    en mi interior, y as¡ fue como casi comienzo a vegetar, cuando pude dejarme llevar y terminar convertido en la nada, no lo hice, y en cambio estoy aqu¡ parado frente al dormitorio mirando fijamente la cama sin verla, pensando,
    s¢lo concentrado en su cara, en su cuerpo l nguido, en la £ltima despedida,
    en ayer, en siempre, convenci‚ndome que ya nada puede pasar, que ahora todo
    es bajada, recordando ayeres, sue¤os y locuras risibles, recordando su cara mir ndome triste, con una sonrisa ensayada que apenas si pod¡a sostener y
    que en su nerviosismo delataba con un casi imperceptible vibrar de su
    mejilla que parec¡a perder fuerzas y dejarse rendir por el peso de todo el conjunto. La recuerdo tratando de clavar sus ojos en mi, aunque no era yo el que estaba callado parado frente a ella, no era yo el que dec¡a tanta estupidez. Yo era el que se arrepent¡a.

    --- Sigue en el pr¢x... msg...

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