• Ocampo..

    From Equis@TEMP to ** ALL ** on Tue Oct 28 04:27:00 1997
    Holas...

    AquĦ dejo de Silvina Ocampo....

    El Mal

    ------------------------------------------------------------------------------- Una noche rodearon la cama contigua con biombos. Alguien explic˘ a Efr‚n que su vecino estaba agonizando. Ese vecino perverso no s˘lo le habĦa robado la manzana que estaba sobre la mesa de luz, sino el derecho a gozar de la protecci˘n de esos biombos, en cuya otra faz habĦa seguramente pintadas flores y figuras de querubes. Esta circunstancia oscureci˘ la alegrĦa de Efr‚n. Asimismo, con s banas y frazadas para cubrirse, estaba en el paraĦso. VeĦa de soslayo la luz rosada de los ventanales. De vez en cuando le daban de beber; tenĦa conciencia del alba, de la ma¤ana, del dĦa, de la tarde y de la noche, aunque las persianas estuvieran cerradas y que ning£n reloj le anunciara la hora. Cuando estaba sano solĦa comer con tanta rapidez que todos los alimentos tenĦan el mismo sabor. Ahora, reconocĦa la diferencia que hay hasta en los gustos de una naranja y de una mandarina. Apreciaba cada ruido que oĦa en la calle o en el edificio, las voces y los gritos, el ruido de las ca¤erĦas, de los ascensores, de los autom˘viles, de los coches de caballos que pasaban. Cuando sentĦa necesidad de orinar tocaba el timbre; m gicamente aparecĦa una mujer, con blancura de estatua, trayendo un florero de vidrio que era una suerte de reliquia y esa misma mujer, con ojos etruscos y u¤as de rubĦ, le ponĦa enemas o lo pinchaba con una aguja como si cosiera un g‚nero precioso. Una caja de m£sica no era tan musical, el pecho de una santa o de un  ngel tan buenos como la almohada donde recostaba la cabeza. Cosquilleos agradables le corrĦan por la nuca, bajaban por la columna vertebral a las rodillas. Pensaba: era la primera vez que podĦa pensar: "Qu‚ precio tiene un cuerpo. Vivimos como si no valiera nada, imponi‚ndole sacrificios hasta que revienta. La enfermedad es una lecci˘n de anatomĦa." So¤aba: era la primera vez que podĦa so¤ar. Juegos de billar, una pipa, el diario leĦdo minuciosamente, viajes breves, mujeres que le sonreĦan en un cinemat˘grafo, una corbata roja, lo deleitaban. En sus delirios tenĦa presencias del futuro; las visitas de los domingos, que se enteraron de su don, acudĦan al hospital para acercarse a su cama y oĦr las predicciones.
    Advirti˘ que los biombos no rodeaban la cama del vecino, sino la suya, y qued˘ complacido.
    Los pies ya no le dolĦan de tanto caminar, ni la cintura de tanto estar agachado, ni el est˘mago de pasar tanta hambre. Divisaba el patio con palmeras y palomas, en cada ventanal. El tiempo no pasaba porque la felicidad es eterna.
    Los m‚dicos dijeron que iban a salvarlo. Retiraron los biombos con flores y querubes. A su juicio, los m‚dicos eran bribones. Saben d˘nde se aloja la enfermedad y la manejan a su gusto. El organismo tal vez oye los di logos que rodean la cama de un enfermo. Efr‚n tuvo pesadillas por culpa de esos di logos.
    So¤˘ que para ir al trabajo tomaba un colectivo y despu‚s de sentarse advertĦa que el colectivo no tenĦa ruedas, que bajaba del colectivo y tomaba otro que no tenĦa motor y asĦ sucesivamente hasta que se hacĦa de noche.
    So¤˘ que estaba en la peleterĦa, cosiendo pieles; las pieles se movĦan, gru¤Ħan. Al cabo de un rato, en el cuarto donde trabajaba, varias fieras, con aliento inmundo, le mordĦan los tobillos y las manos. Al cabo de un rato, las fieras hablaban entre ellas. El no entendĦa lo que decĦan porque hablaban en un extra¤o idioma. ComprendĦa finalmente que iban a devorarlo.
    So¤˘ que tenĦa hambre. No habĦa nada que comer; entonces sacaba del bolsillo un trozo de pan tan viejo que no podĦa morderlo con los dientes; lo remojaba en agua, pero continuaba igual; finalmente, cuando lo mordĦa, sus dientes quedaban dentro del £nico pan que habĦa conseguido para alimentarse. El camino hacia la salud, hacia la vida, era ‚se.
    El organismo de Efr‚n, que era fuerte y astuto, busc˘ un lugar en sus entra¤as para esconder el mal. Ese mal era una fortuna: con subterfugios, encontr˘ manera de conservarlo el mayor tiempo posible. De ese modo Efr‚n durante unos dĦas, con el sentimiento de culpa que inspira siempre el enga¤o, volvi˘ a ser feliz. La hermana de caridad le hablaba de sus hijos y de su mujer, in£tilmente. Para ‚l, ellos estaban dentro de la libreta del pan o de la carne. TenĦan precio. Costaban cada dĦa m s.
    Sud˘, se agach˘, sufri˘, llor˘, camin˘ leguas y leguas para conseguir la tranquilidad que ahora querĦan arrebatarle.

    ------------------------------------------------------------------------------- De "La Furia", (c) Editorial Sur, 1959 -------------------------------------------------------------------------------

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