• "Tequila Cultural"

    From MHS:Horacio Daniel Massim@TEMP to Todos on Thu Feb 26 07:14:00 1998
    De: Horacio Daniel Massimino 4:901/134.0
    Fecha:25 Feb 98 00:23:41
    ­Hola Todos!



    Tequila cultural


    GUADALAJARA.- Las recientes controversias en torno del premio Planeta y de la lista de invitados a la XI Feria Internacional del Libro, de esta ciudad, han dejado una sensaci¢n de incomodidad en los intelectuales que viajaron a M‚xico para representar a nuestro pa¡s. Una incomodidad que pocos logran ocultar.

    Para algunos de ellos, tales "escenas" son signo de que el debate de ideas est  lamentablemente te¤ido de celos personales. Para otros, de que se asiste
    a una crisis del pensamiento y que, por lo tanto, resulta m s f cil discutir trivialidades.

    En todo caso -y para buena parte de ellos-, ambas controversias tendr¡an
    una naturaleza cosm‚tica. As¡, al poner en tela de juicio la honradez de Ricardo Piglia se dejaba de lado la discusi¢n de un problema largamente postergado y crucial: la relaci¢n entre el escritor y el dinero. Y al cuestionar la lista de autores que participar¡an de esta feria, llam ndolos "elenco estable", se retroced¡a en el debate -no menos importante- sobre el v¡nculo entre los intelectuales y el poder pol¡tico.

    Cultura y dinero; cultura y poder: temas urticantes, si los hay. La disyuntiva podr¡a ponerse en estos t‚rminos: ¨ser reconocido materialmente, recibir una invitaci¢n del gobierno o asumir la funci¢n p£blica significa congraciarse, en distinta medida, con una supuesta "cultura oficial"? ¨Significa, para el intelectual cabal, perder su capacidad cr¡tica frente al oficialismo econ¢mico y pol¡tico?

    El periodista Carlos Ulanovsky, que lleg¢ a Guadalajara para hablar del exilio argentino en M‚xico, opina que no est  mal ganar premios y dinero. Y refiri‚ndose al caso particular de Piglia, explica: "Debemos aceptar que, actualmente, los hechos culturales son hechos de marketing. El concurso de Planeta lo es: ofrece bastante dinero, tiene una puesta en escena y se transmite por televisi¢n. Si hubiera una cultura oficial, no ser¡a la que decide el gobierno, que en realidad apoya muy poco a la cultura, sino la de
    los medios de comunicaci¢n. Afuera quedar¡an los intelectuales que trabajan
    en soledad, sin apoyo y difusi¢n".

    Acerca del oficialismo cultural y su inevitable consecuencia, la discriminaci¢n, Mar¡a Esther de Miguel, que dirigi¢ el Fondo Nacional de las Artes durante la presidencia de Ra£l Alfons¡n, sostiene que ya no puede hablarse de exclusiones por motivos ideol¢gicos. Y pone un ejemplo: "En el stand argentino que se mont¢ para esta feria hay fotograf¡as de los
    escritores ausentes, como Mempo Giardinelli y Juan Jos‚ Saer, pero no de los que vinimos; es una compensaci¢n y una demostraci¢n de que no se puede
    invitar a todos siempre".

    En el mismo sentido, la escritora e investigadora Mar¡a Rosa Lojo, que
    nunca tuvo un cargo pol¡tico, afirma que nadie debe avergonzarse de recibir
    una invitaci¢n del gobierno para participar de un encuentro literario. "No
    hay una cultura oficial -sentencia-. Este concepto no cabe en un Estado democr tico, sino en una dictadura. De hecho, los autores que han venido a Guadalajara tienen diversas ideolog¡as."

    Entonces, si no hay un oficialismo cultural en sentido estricto, literal, ¨cu l es la queja profunda de algunos intelectuales?

    Mar¡a S enz Quesada, historiadora y secretaria de Cultura del Gobierno de
    la Ciudad de Buenos Aires, ensaya una respuesta: "Tenemos una idea del Estado como benefactor, del cual se reclama apoyo. Y al mismo tiempo, por la experiencia concreta, se sabe que, a la hora de distribuir los recursos, ese Estado hist¢ricamente ha sido arbitrario. En el marco de esta contradicci¢n, las cuestiones personales encuentran eco inmediato, ya sean justificadas o
    no".

    Desde luego, pertenecer al gobierno es, para el sue¤o intelectual y rom ntico de cambiar el mundo, una posibilidad operativa. Casi todos, aqu¡, afirman que comprometerse con la pol¡tica es mejor que descalificarla lisa y llanamente. Al mismo tiempo, no falta quien advierte que pasar a la funci¢n p£blica suele generar desconfianzas, porque siempre existe la sensaci¢n de
    que se cede en algo.

    Nadie mejor que Martha Mercader para referirse al tema. Adem s de una de
    las pioneras de la novela hist¢rica en la Argentina, es diputada desde hace cuatro a¤os. Su mandato termina el pr¢ximo 10 de diciembre. No fue invitada oficialmente a la feria, pero quiso estar presente.

    "Personalmente me fue dif¡cil esa doble lealtad hacia el partido y hacia
    la actitud cr¡tica propia del intelectual, dos cosas que a veces, en los hechos, se contradicen -confiesa-. Creo que el desaf¡o es lograr un
    equilibrio entre ambas y aprender a hilar fino, a decir y hacer lo justo en
    el momento preciso, sin caer en la obsecuencia."

    ¨Pero qu‚ se entrega a cambio de un cargo pol¡tico? Para De Miguel, el tiempo creativo. Para Ulanovsky, la grandeza de los sue¤os. Y para S enz Quesada, el silencio necesario. Y esto s¢lo cuando se intenta hacer las cosas bien. Cuando no..., ‚se es otro tema.


    Por Maximiliano Seitz
    (Enviado especial)


    ÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄ Extra¡do del Suplemento Enfoques del diario La Naci¢n, diciembre de 1997. ÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄÄ


    Saludos,
    Horacio

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    * Origin: Ap£rese: Losada edit¢ Op Oloop y ­Estafen! de Filloy (4:901/134) SEEN-BY: 90/0 15 23 95 2001 823/1 900/111 134 138 140 300 309 358 400
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