• Borges again

    From Capy@TEMP to ** ALL ** on Fri Mar 6 06:44:00 1998
    Est  par bola me pareci¢ bellisima!!!...

    Par bola del palacio (Jorge Luis Borges)
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    Aquel d¡a, el Emperador Amarillo mostr¢ su palacio al poeta. fueron dejando gradas de un casi inabarcable anfiteatro, declinan hacia un para¡so o jard¡n cuyos espejos de metal y cuyos intrincados cercos de enebro
    prefiguraban ya el laberinto. Alegremente se perdieron en ‚l, al principio
    como si condescendieran a un juego y despu‚s ano sin inquietud, porque sus rectas avenidas adolec¡an de una curvatura muy suave pero continua y secretamente eran c¡rculos. Hacia la medianoche, la observaci¢n de los
    planetas y el oportuno sacrificio de una tortugales permitieron desligarse
    de esa regi¢n que parec¡a hechizada, pero no del sentimiento de estar
    perdidos, que los acompa¤¢ hasta el fin. Antec maras y patios y bibliotecas recorrieron despu‚s y una salahexagonal con una clepsidra, y una ma¤ana divisaron desde una torre un hombre de piedra, que luego se les perdi¢ para siempre. Muchos resplandecientes r¡os atravesaron en canoas de s ndalo, o un solo r¡o muchas veces. Pasaba el s‚quito imperial y la gente se posternaba, pero un d¡a arribaron a una isla en que alguno no lo hizo, por no haber visto nunca al Hijo del Cielo, y el verdugo tuvo que decapitarlo. Negras cabelleras
    y negras danzas y complicadas m scaras de oro vieron con indiferencia sus
    ojos; lo real se confund¡a con lo absurdo o, mejor dicho, lo real era una de las configuraciones del sue¤o. Parec¡a imposible que la tierra fuera otra
    cosa que jardines, aguas, arquitecturas y formas de esplendor. Cada cien
    pasos una torre cortaba el aire; para los ojos el color era id‚ntico, pero la primera de todas era amarilla y la £ltima escarlata, tan delicadas eran las gradaciones y tan larga la serie.
    Al pie de la pen£ltima torre fue que el poeta (que estaba como ajeno
    a los espect culos que eran maravilla de todos) recit¢ la breve composici¢n
    que hoy vinculamos indisolublemente a su nombre y que, seg£n repiten historiadores m s elegantes, le depar¢ la inmortalidad y la muerte. El texto
    se ha perdido; hay quien entiende que constaba de un verso; otros de una sola palabra. Lo cierto, lo incre¡ble, es que en el poema estaba entero y
    minucioso el palacio enorme, con cada ilustre porcelana y cada dibujo en cada porcelana y las penumbras y las luces de los crep£sculos y cada instante desdichado o feliz de la gloriosa dinast¡a de mortales, de dioses y de
    dragones que habitaron en ‚l desde el interminable pasado. Todos callaron,
    pero el Emperador exclam¢: "­Me has robado el palacio!" y la espada de hierro del verdugo seg¢ la vida del poeta.
    Otros refieren de otro modo la historia. En el mundo no puede haber
    dos cosas iguales; bast¢ (nos dicen) que el poeta pronunciara el poema para
    que desapareciera el palacio, como abolido y fulminado por la £ltima s¡laba. Tales leyendas, claro est , no pasan de ser ficciones literarias. el poeta
    era esclavo del Emperador y muri¢ como tal; su composici¢n cay¢ en el olvido
    y sus descendientes buscan a£n, y no encontrar n, la palabra del universo.


    Se la dedico a Sergio.. que en mi opini¢n es la persona de m s exiquisita poes¡a.. es m s.. tal vez hasta alg£n d¡a sea ‚l quien encuentre la palabra
    del universo...

    Capy

    ... Yo veo al futuro repetir el pasado.. veo un museo de grandes novedades